La realidad de los pueblos del Norte de Argentina y la lucha desde el trabajo

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La realidad de los pueblos del Norte de Argentina y la lucha desde el trabajo

Desde hace más de 20 años Clemente y su familia, su esposa, hijos y sus nietos, viven en la Finca Flores, tal como la bautizaron. Dueña de extensos escenarios naturales, para llegar a ella debemos pasar por Purmamarca, la Cuesta de Lipán y la localidad de Tres Morros y El Moreno. Lograron construir su hogar natural con visión de sustentabilidad, en ella crían llamas para consumir carne, obtener lana y elaborar artesanías.

Proyectó y trabajó esa visión desde el día que lo despidieron de la mina. “Soy minero, me echaron, volví y tenía mi familia y mis cosas”, cuenta Clemente. Esa situación de quiebre lo marcó de por vida. Hoy sigue pensando en el momento en el que dejó su Finca natal para trabajar, y en aquellos que emigran y no vuelven.

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“Amigos y vecinos se fueron y están preocupados porque están en un lotecito de 10 por 10 con su familia. No saben qué hacer”, relata Clemente con pausas y suspiros que marcan una mezcla de tristeza y desazón. Pero esos sentimientos encontrados los tiene que transformar en motivación, su gran impulso es soñar que sus amigos, vecinos y familiares vuelvan a poner las raíces en las comunidades.  

El trabajo, es su carta bajo la manga. Esa voluntad de trabajar no solamente con visión turística sino sustentable. “Voy a pastear llamas, las busco, las guardo, preparo la cena, duermo, me levanto, desayuno”, así resume parte de su día, además con aquellos que visitan su hogar elaboran en conjunto artesanías, tiñen el hilo, y aprenden a tejer.

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De esta forma Clemente, en compañía de su familia, están cambiando su realidad y su futuro. Porque logran poner en valor lo producido en las comunidades, y se presentan como emprendedores. Sin embargo, lograr un intercambio fluido pero sólido con los visitantes no fue fácil: “al principio era difícil, costaba expresarles a los visitantes. Ahora ya es otro momento, ya estamos sueltos. Es un dinamismo más real”. 

Ese dinamismo les permitió aprender sobre todo de nuevas formas de vida. Cuenta entre risas la anécdota que vivió junto a su nieto “se prepara comida para vegetarianos. Mis nietitos preguntaban ´qué es el vegetariano´, no come carne le respondí; ´y entonces qué va a comer´ se intrigaba y se convirtió en vegetariano por un día”. La retroalimentación de dos culturas, de dos cosmovisiones gesta una fusión de dos universos que dan como fruto una nueva cultura en la que prima el respeto por la Madre Naturaleza y lo que ella brinda, por la diversidad y por la igualdad de oportunidades para aquellas comunidades que fueron históricamente relegadas.

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Siempre es bueno recordar las reflexiones de Clemente, que con su voz un tanto cálida y con su tonada particular nos transmite seguridad, confianza y esperanza “es un aprendizaje para ellos, y para nosotros una recordación. Lo teníamos todo tan guardado que casi casi lo estábamos perdiendo, y ahora lo estamos recuperando”.

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